Macho Complex

The secretary-general of the U.N., Antonio Guterres, has enlightened the world with a statement where he reveals that the new virus “is demonstrating what we all know: Millennia of patriarchy have resulted in a male-dominated world with a male-dominated culture which damages everyone—women, men, girls and boys.”

But in what world does Guterres live? I would like to think that the Lusitanians drank a few bottles of very old port before making statements of philosofia perennis. It was difficult to find anything better to do in the midst of the viral scam, and now it is time to judge the patriarchy of the last thousand years. Urbi et orbe we live in times of historical-hysterical revisionism.

Personally I believe that women have always been in charge. It is impossible to deceive them, because they have looked into our eyes since we were babies. They make us vain male drones believe that we are the salt of the earth, but then they do and undo as they please. Although, it is true that in many cultures the gross brute force of the male tyrannizes women and has relegated them to domestic work (or to set themselves up as hetaera or geisha cum laude in the loving arts, capable of dilating desire in an endless tea ceremony or giving philosophy lessons to Socrates himself).

Male power spread about 3,500 years ago with the Semites and the Indo-European Aryans, breeders and hunters who preferred, you know why, to pray to male divinities. Before, the absolute dominium was of the great goddess, the Magna Mater, the rotund and fertile Venuses of the agricultural universe.

I assume that, after Guterres’ discovery, the next secretary-general of the United Nations will be a woman. After all, of its 76 bigwigs, only four have been women. This reveals a blatant machista domination since it was founded in 1945.

And given the current standard, I am convinced that the next secretary-general will be smarter than his or her predecessors.

But this encouragement of war between the sexes or the color of one’s skin is quite absurd and typical of self-conscious creatures. I remember the anecdote of the brilliant diplomat and writer Agustín de Foxá, when an ambassador told him that in Mexico they were all very, very macho. Foxá responded: “Well, in Spain we are half male, half female, and we have a great time.”

And that is what it is all about, to better enjoy life among the Graces and the Muses. To do this, courtesy, poetry, and common sense are essential, sensitive values that are in sharp decline in the cyber age. I prefer love to war, although I know, like Don Quixote, that a knight is obliged to fight even if he cannot win. As a Mediterranean creature, I admire and recognize matriarchy; and as a Catholic with a pagan streak, I pray to the Virgin Mary and also dream of Aphrodite.

“As a Catholic with a pagan streak, I pray to the Virgin Mary and also dream of Aphrodite.”

But in my capacity as a non-neutral observer, I must insist that women rule in everyday life. Many of my married friends are a bunch of wimps who live life as a great adventure. When at home they are put on a diet of yogurt and chard; I see them sneak into restaurants to order an entrecôte with a guilty look on their faces, begging for secrecy.

In civilized homes, women always ruled more or less subtly. If man hunts with a spear, they use the net, which is much more effective. A Buddhist aphorism says that women are the supreme form of all Maya illusions. And it is the feminine power that activates the world and puts the lazy drone to work. The adventurer and philosopher Giacomo Casanova, who loved women so much, thought that if God exists, for sure God would be feminine.

And now that it is so fashionable to dictate positive discrimination while proclaiming lies about equality, I will toast with a bottle of port to see what the hell Antonio Guterres intended.

(The article in its original Spanish immediately follows.)

Macho Complex

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ilumina al mundo con un comunicado donde afirma que la nueva peste “descubre lo que todos sabíamos: milenios de patriarcado han dado como resultado un mundo dominado por los hombres con una cultura dominada por hombres que daña a todos: mujeres, hombres, niñas y niños.”

Pero ¿en qué mundo vive Guterres? Quiero pensar que el luso se bebió unas cuantas botellas de oporto antes de realizar semejantes declaraciones de philosofia perennis. Estaba complicado encontrar nada mejor que hacer en medio de la estafa vírica y ahora toca enjuiciar al patriarcado de los últimos miles de años. Urbi et orbe vivimos tiempos de revisionismo histórico-histérico.

Yo creo que las mujeres han mandado siempre. Es imposible engañarlas, pues nos leen los ojos desde que somos bebés. Nos hacen creer a los vanidosos zánganos que somos la sal de la tierra, pero luego hacen y deshacen a su antojo. Aunque es cierto que en muchas culturas la grosera fuerza bruta del macho tiraniza a la mujer y la ha relegado a las labores domésticas (o a erigirse en hetaira o geisha cum laude en artes amatorias, capaz de dilatar el deseo en una interminable ceremonia de té o dar lecciones de filosofía al mismísimo Sócrates).

El poder macho se propagó hace unos 3500 años con los semitas y los arios indoeuropeos, ganaderos y cazadores que preferían, vaya usted a saber por qué, a las divinidades masculinas. Antes dominaba la gran diosa, la Magna Mater, las Venus orondas y fértiles del universo agrícola.

Doy por hecho que, tras el descubrimiento de Guterres, el próximo jefazo de Naciones Unidas será una mujer. Al fin y al cabo, de sus 76 presidentes, solo cuatro han sido mujeres. Lo cual revela un descarado dominio machista desde que nació en 1945.

Y dado el listón actual, estoy convencido de que la próxima mandamás será más inteligente que sus predecesores.

Pero esto de alentar la guerra entre los sexos o el color de las pieles es bastante absurdo y propio de criaturas acomplejadas. Recuerdo la anécdota del genial diplomático y escritor Agustín de Foxá, cuando un embajador le dijo que en México eran todos muy pero que muy machos. Foxá respondió: “Pues en España somos la mitad machos, la otra mitad hembras, y lo pasamos muy bien.”

Y de eso se trata, de gozar mejor la vida entre las Gracias y las Musas. Para ello es imprescindible la cortesía, cierta poesía y sentido común, valores sensibles en franca decadencia en la era cibernética. Prefiero el amor a la guerra aunque sé, como Don Quijote, que un caballero está obligado a luchar aunque no pueda vencer. Como criatura mediterránea admiro y reconozco el matriarcado; y como católico de ramalazos paganos, rezo a la Virgen María a la vez que puedo soñar con Afrodita.

Pero desde mi capacidad de observador nada neutral, debo insistir que ellas mandan en la vida cotidiana. Muchos de mis amigos casados son unos calzonazos que como gran aventura corren el maratón. Cuando en casa les ponen a dieta de yogurt y acelgas, los veo escapar a escondidas a un restaurante y pedir un entrecot con cara de culpabilidad y rogando alto secreto.

En los hogares civilizados, ellas han mandado siempre de forma más o menos sutil. Si el hombre caza con lanza, ellas emplean la red, mucho más efectiva. Ya dice un aforismo budista que la mujer es la forma suprema de todas las ilusiones de Maya. Y el poder femenino es el que activa el mundo y pone a trabajar al perezoso zángano. El aventurero y filósofo Giacomo Casanova, que tanto amaba a las mujeres, pensaba que si Dios existe, es femenino.

Y ahora que está tan de moda dictar la discriminación positiva mientras se pregona la mentirosa igualdad, brindaré con una botella de oporto a ver qué demonios pretendía decir Antonio Guterres.



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