The Dance of the Shipwrecked

Life is here, and we must dance! This is a free interpretation of Hic Rhodus, hic Salta that the old pagan Goethe quoted. The wise Zorba always danced, both to celebrate his joys and to exorcise his suffering. Because everything is part of the divine mystery we call life.

“Life is a wonderful thing, young man, I am very sorry that it is not so for you,” replied a glorious clown, whose name I cannot remember, when he was interviewed by a young existentialist. If you do not find joy on this earth, look for it, brother, beyond the stars, but don’t bust my balls.

Adopting a cheerful attitude is possibly the most elegant way of living. The slave with a free spirit, Epictetus (everything is in the Classics, everything is an eternal return), gave us wise lessons in this regard. And even the cynical Voltaire stated that he preferred to be cheerful because it was better for his health. Giacomo Casanova surely taught him some leggerezza while they argued.

There is also the art of living described in The Courtesan, by Baldassare Castiglione, where it is recommended to do things without noticing the effort. The marvelous sprezzatura cannot be understood by aggressive executives, crying intellectuals, or predators who seek to entrap ambitious men.

It is no longer naive but simply stupid to think that one is only worthy because one has work goals and suffers the demonic and biblical punishment of earning bread with the sweat of their brow (or the sweat of the brow of someone else), disregarding those who delay time like Dalí’s watch and prefer instead to bask in the sun drinking wine. This is the eternal dispute between the crickets and the ants of La Fontaine.

“Bankruptcy threatens but summer will be glorious, although private and intimate.”

Who knows? Perhaps after the viral crisis, predatory philosophy will no longer be given so much importance; it will be understood that toil is a term that comes from the Latin instrument of torture, trepalium, and man will enjoy the classic pleasures that life puts within his reach.

But first we will have to dance with the devil. Economic forecasts point to a summer without foreign tourism. This is a source of joy for the romantic traveler fed up with overcrowding, who despises the tourist like a slave with no imagination who prostitutes the world (Gore Vidal said that a slave is one incapable of poetry).

In Portugal, Italy, Greece, and Spain there may be empty beaches where one can dance a naked sirtaki in the sun, with ghastly hotels and macro-clubs closed, but house parties, intimate bars…and tremendous economic ruin.

It’s revealing how in Southern Europe the barbarian invasions have actually metamorphosed into tourist packages. It is the playground of the northern workers thanks to the climate and a hedonistic culture. But now the biggest source of income is going downhill, since tourism is the most affected industry. As expected, the North-South European gap widens when it comes to applying for aid. And as was foreseeable, the most intransigent country when it comes to giving help is Holland (the legend says that the Dutch were kicked out of Scotland for being stingy).

Among some Dutch politicians there is a hatred tinged with contempt for the Catholic countries of Southern Europe, especially Spain (they have been dreaming of the Duke of Alba for 400 years!). Already in the previous economic crisis they said that we asked them for money to spend on women and alcohol (is there anything better?!). And now they criticize us for allowing the elderly to enter strained emergency rooms, as if it were the ideal time for a forced euthanasia of retirees. The Portuguese prime minister defined the Dutch performance as repugnant.

Bankruptcy threatens but summer will be glorious, although private and intimate. We are back in the ’50s. Life is here and so we must dance!

La Danza del Naufrago

¡Aquí está la vida, aquí hay que danzar! Es una interpretación libre del Hic Rhodus, hic salta que recomendaba el viejo pagano Goethe. El sabio Zorba bailaba siempre, tanto para celebrar sus alegrías como exorcizar sus catástrofes. Porque de todo hay en este misterio divino que llamamos vida.

“La vida es algo maravilloso, joven, siento mucho que para usted no lo sea,” respondió un glorioso payaso, de cuyo nombre no puedo acordarme, cuando era entrevistado por un joven existencialista. Si no encuentras la alegría en esta tierra, búscala hermano más allá de las estrellas, pero no des el coñazo.

Posiblemente sea la actitud alegre la forma más elegante de vivir. El esclavo de alma libre, Epícteto (todo está en los clásicos, todo es un eterno retorno), nos dio sabias lecciones al respecto. Y hasta el cínico señor de Voltaire sentenció que prefería ser alegre porque es mejor para la salud. Seguro que Giacomo Casanova le enseñó algo de leggerezza mientras discutían.

Es también ese arte descrito en El Cortesano, de Baldassare Castiglione, donde se recomienda hacer las cosas sin que se note el esfuerzo. La maravillosa sprezzatura, que no pueden comprender los ejecutivos agresivos, intelectuales llorones o predadores que agónicamente tratan de atrapar una criatura con ambiciones.

No es ya naif, sino algo tan estúpido el pensar que alguien solo merece la pena porque tiene metas laborales y sufre endemoniadamente con el castigo bíblico de ganar el pan con el sudor de su frente (o del de enfrente), y catalogar de balas perdidas a los que dilatan el tiempo aún más que los relojes dalinianos, tomando el sol y bebiendo vino voluptuosamente. La eterna disputa entre cigarras y hormigas de Lafontaine.

¿Quién sabe? Tal vez tras la crisis vírica ya no se dé tanta importancia a la filosofía predadora, se comprenda que trabajo es un término que viene del latino instrumento de tortura trepalium, y el hombre goce clásicamente de los placeres que la vida le pone a su alcance.

Pero antes habrá que bailar con el diablo. Los pronósticos económicos apuntan a un verano sin turismo extranjero. Eso es motivo de alegría para el viajero enamorado, harto de la masificación, que desprecia al turista como un esclavo sin imaginación que emputece el mundo (Gore Vidal decía que esclavo es aquel incapaz de hacer poesía).

En Portugal, Italia, Grecia y España habrá playas solitarias donde bailar un sirtaki desnudo bajo el sol, espantosos hoteles y macrodiscotecas cerrados, fiestas en las casas, bares sin aglomeraciones…y una tremenda ruina económica.

En el sur de Europa las invasiones bárbaras metamorfosearon en pack turístico. Es el patio de recreo de los trabajadores del norte gracias al clima y una cultura hedonista. Pero ahora la mayor fuente de ingresos se va a pique, pues el turismo es la industria más afectada. Como era previsible la brecha europea Norte-Sur se ahonda a la hora de solicitar ayudas. Y como también era previsible el país más intransigente a la hora de querer ayudar es Holanda (la leyenda cuenta que a los holandeses los echaron de Escocia por tacaños).

Entre algunos de sus políticos salta un odio teñido de desprecio a los países católicos del sur de Europa, especialmente a España (¡llevan 400 años soñando con el duque de Alba!). Ya en la pasada crisis económica dijeron que les pedíamos dinero para gastar en mujeres y alcohol (¡¿existe algo mejor?!). Y ahora se quejan que permitimos a los ancianos entrar en las colapsadas UCI, como si fuera el tiempo idóneo para una eutanasia forzosa de jubilados. El primer ministro portugués calificó la actuación holandesa como repugnante.

La quiebra amenaza terriblemente, pero el verano se presenta íntimo y glorioso. Hemos vuelto a los años 50. ¡Aquí está la vida y aquí hay que danzar!



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