Prophylactic Society

The much-vaunted new world order is a birdcage. Western democracies are playing social seppuku with the dictatorship of a hysterical political correctness that encourages single-mindedness and self-censorship of opinion, promotes cowardice, and rewards cultural illiteracy.

Authoritarian regimes in the rest of the world are very happy. “Why do you want freedom?” they ask their herds of single bleaters. “You see that the decadent Westerners have grown tired of freedom of expression and aspire to an official truth that offends no minority. Now you know how exhausting it is to think for yourself.”

The virus has triggered a new self-castrated society. The propaganda of fear, the allergy to human contact, the compulsive use of cybernetic gadgets, the obligatory mask even in open spaces (a mask that causes people to wander less oxygenated and hinders mental clarity, a mask that aesthetically matches the new nanotechnological canon, a mask that transforms us into an amorphous and faceless mass, a mask that is of tremendous bacteriological focus).

Cui prodest? The viral terror has given wings to totalitarians. Overnight, it was the same to live in Madrid as in Beijing. Curfews, wild fines urbi et orbi, information designed to manipulate the masses, and a formidable idiotization of society.

In the midst of so much confusion it was easy to foresee the eruption of a new urban guerrilla who wishes to burn down the winter palace. It is the revolution of the illiterates of the new age, the inclusive language, the iconoclastic rage, the badge on the lapel, the slogan on the T-shirt, the magazine culture of the tricoteuses, the absence of a sense of humor, etc.

“The mask looks like it’s going to stay for a while, but an international outcry rises against this gag.”

Fortunately, many intellectual sacred cows around the world have awakened from their sweet siesta and strongly denounce the gross nonsense of a revolution without any spirit, without debate or poetry. It is also true that, if such a revolution were to triumph, the first ones to be executed would be the illustrious freethinkers. And not everyone is willing to drink the hemlock or go into exile, no matter how much they corrupt the youth in a Socratic way.

But where did such suicidal nonsense come from? Incredible as it may seem, there is a consensus on blaming some American universities that abandoned the aspiration to raise society and have dedicated themselves to a lower level in service of the pretense of equality. There has never been a more vulgar Trojan horse! They were soon copied by socialist parties all over the world. And very soon after, too many self-conscious conservatives adopted PC tyranny, not to be lynched on social networks. It’s good for them, so they don’t have to show off the wit they don’t have. And besides, it’s already known, since Chesterton, that progressives go on making mistakes that conservatives prevent from being corrected…

The mask looks like it’s going to stay for a while, but an international outcry rises against this gag. The virus escaped from a lab too soon for this evil plan. There is much weariness of idiotic plans, and people do not want to swallow millstones. And we can still smoke and have a drink, virtuous vices that have historically been an antidote to any fanatical hysteria virus.

The prophylactic society is the aspiration of those who are afraid of life. Let’s not allow ourselves to be infected.

(The article in its original Spanish immediately follows.)

Sociedad Profiláctica

El tan cacareado nuevo orden mundial es una jaula de grillos. De momento las democracias occidentales se están haciendo el seppuku social con la dictadura de una histérica corrección política que alienta el pensamiento único, autocensura la opinión, promueve la cobardía y premia el analfabetismo cultural.

Los regímenes autoritarios del resto de mundo están felices. “¿Para qué queréis la libertad? –preguntan a sus borregos de balido único—. Ya veis que los decadentes occidentales se han cansado de la libertad de expresión y aspiran a una verdad oficial que no ofenda a minoría alguna. Ahora sabéis cuán agotador es pensar por uno mismo.”

El virus ha sido el detonante de la nueva auto-castrada sociedad. La propaganda del miedo, la alergia al contacto humano, el uso compulsivo de artilugios cibernéticos, la mascarilla obligatoria incluso en espacios abiertos (una mascarilla que provoca que la gente deambule menos oxigenada y dificulta la claridad mental, una mascarilla que iguala estéticamente en el nuevo canon nanotecnólogo, una mascarilla que nos transforma en una masa amorfa y sin rostro, una mascarilla que es tremendo foco bacteriológico.)

Cui prodest? El terror vírico ha dado alas a los totalitarios. De la noche a la mañana daba lo mismo vivir en Madrid que en Pekín. Toque de queda, multas salvajes urbi et orbe, información proyectada para manipular a las masas y un formidable efecto idiota sobre la sociedad.

En medio de tanta confusión era fácil prever la irrupción de una nueva guerrilla urbana con ganas de quemar el palacio de invierno. Es la revolución de los analfabetos new age, el lenguaje inclusivo, el furor iconoclasta, la chapita en la solapa, el eslogan en la camiseta, la cultura de revista de portera, la ausencia de sentido del humor, etcétera.

Afortunadamente muchas vacas sagradas intelectuales de todo el mundo han despertado de la dulce siesta y denuncian contundentemente el bruto sinsentido de una revolución demasiado pobre y sin ningún espíritu, sin debate ni poesía. También es verdad que, si tal revolución triunfase, a los primeros que ejecutaba es a los ilustres libre pensadores. Y no todos están dispuestos a beber la cicuta o exiliarse por mucho que corrompan socráticamente a la juventud.

Pero ¿de dónde vino tal esperpento suicida? Aunque parezca increíble, hay consenso que precede de algunas universidades norteamericanas que abandonaron la aspiración de subir la sociedad para nivelarla por lo bajo. ¡Nunca hubo caballo de Troya más vulgar! Pronto fueron copiadas por partidos socialistas del mundo entero. Y muy poquito después, demasiados acomplejados conservadores adoptaron la tiranía P.C. para no ser linchados en las redes sociales. Les viene bien, pues así no tienen que hacer gala de un ingenio del cual carecen. Y, además, ya se sabe, desde Chesterton, que los progres dictan errores que los conservadores mantienen…

La mascarilla parece que se va a quedar un rato, pero contra la mordaza se eleva un clamor internacional. El virus se escapó de un laboratorio demasiado pronto para sus planes perversos. Hay mucho cansancio de planes idiotas y la gente no quiere tragar ruedas de molino. Y todavía podemos fumar y tomar una copa, virtuosos vicios que históricamente han sido antídoto contra cualquier virus de histeria fanática.

La sociedad profiláctica es la aspiración de los que tienen miedo a la vida. No permitamos que nos contagien.



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